Mujeres en India: ¿Quién Elige el Amor?

Mujeres en India: ¿Quién Elige el Amor?

Llevo más de un mes en India y desde que me instalé en este país he intentado entrar en el especial mundo femenino. Mi primer acercamiento fue mucho antes de poner un pie en este país. Todas las personas de occidente que habían estado acá, me recomendaban encarecidamente que no viniera sola, me decían que India era un país complicado para moverse desde la femineidad, especialmente si se trata de una fémina occidental, moderna e independiente. Sin embargo mi llegada acá no ha estado nunca marcada por el machismo, todo lo contrario. He encontrado un trato amable, por parte de hombres y mujeres, siempre dispuestos a ayudar y hacer por mi algo más que lo que corresponde a la relación que entablamos en términos generales.

India me ha acogido en la suma de miles de detalles, la gente ha sido correcta y amable, en un país que pintan lleno de timadores que buscan sacar provecho de los turistas. Es probable que me hayan cobrado un poco de más, pero nunca he sentido que se hayan aprovechado descaradamente de mi condición de turista, ni menos todavía de mi condición de mujer.

Hay ciertas reglas que respetar, eso es claro, como en cada país. La ropa femenina, es el primer tema a aprender. No se permite el uso de faldas cortas o shorts, la tendencia es usar pantalones ojala hasta el tobillo o al menos bajo la rodilla. Las poleras sin mangas no están permitidas, los hombros siempre deben estar cubiertos, lo mismo en caso de escotes. Aplicando esas simples reglas, la verdad es que el camino está lejos de ser peligroso.

En mi caso, vine a India a estudiar, por lo que mi paso como turista ha sido mínimo, me ha tocado vivir y convivir los espacios, en este país enorme que es una mezcla exagerada de colores, olores y texturas.

India es como debe haber sido Chile en los años cincuenta. Todo aquí evoca a una época pasada y la modernidad es harina de otro costal (al menos en los lugares que yo he estado, que no son precisamente las grandes ciudades).

Las mujeres, por su parte, son hermosas y a esa belleza, mucho ayudan los trajes de tela larga combinados en colores fuertes y brillantes. Cada una lleva un color distinto y a la distancia hace que se vea como una pintura surrealista, sin alcanzar a exagerar. La mayoría, no importando la edad usa este tipo de vestimenta, en las ciudades más grandes, es habitual ver a mujeres con ropas de occidente, fieles representantes de la modernidad, claro que ninguna pasa los 25 años, lo que parece indicar que la globalización no se instaló por acá hace tanto tiempo.

Sin embargo, a pesar de que las mujeres parecen avanzar y ganar espacios igualitarios, hay detalles que delatan que se trata de una transformación lenta e incipiente. En la mayoría de los lugares de trabajo, tales como tiendas, restaurantes y hoteles, los empleados son hombres. He visto un par de guardias mujeres en los supermercados y una que otra peluquera joven, pero en su mayoría el trabajo fuera de casa es tema de machos. Incluso, los trabajos que en occidente asociamos como mayoritariamente femeninos aquí son cubiertos por hombres.

En los aeropuertos hay filas separadas para hombres y mujeres, en general la proporción de filas es de 3 es a 1 y lo tienen bien calculado, porque menos de dos tercios de los pasajeros de un avión son mujeres, eso incluyendo a las pasajeras no indias.

Todo funciona aquí, separado por géneros, la tendencia no es juntarlos, al menos en lugares públicos. Nunca he visto una pareja de la mano en la calle, mucho menos un par besándose y a partir de ahí, empiezo a preguntar ¿dónde están las mujeres?

La tradición India, instala a la mujer en el centro del núcleo familiar, las mujeres siguen casándose jóvenes entre los 19 y 23 años, claro que esto es mucho más de lo que podemos imaginar, porque hace treinta años la media era entre 16 y 20. Una vez casadas, la mujer pasa a ser la dueña del hogar y se dedica firmemente a la crianza de los hijos, incluso cuando crecen y se casan, los hombres indios veneran a sus madres y la nueva pareja se basa en una relación de familia, por lo que la presencia de las madres o suegras es fundamental y gravitante en la nueva unión.

Con los años y especialmente en las ciudades grandes, las mujeres «modernas» han ganado un espacio que imita los lugares comunes del mundo moderno. Desde ahí, las mujeres han logrado seguir carreras universitarias (en escuelas separadas dentro del mismo recinto) e involucrarse en lo que hasta entonces era terreno masculino. Son las nuevas generaciones que sienten que están absolutamente liberadas y que pueden tomar decisiones de avanzada, lejos de la tradición. Son mujeres que hablan inglés, que estudian, que se juntan con amigas y van a centros comerciales, que manejan y que se preparan para una vida más emancipada, es así en parte, si no fuera porque en esta cultura milenaria, los matrimonios siguen siendo un acuerdo convenido y la decisión pasa más por un arreglo familiar que por una mirada fulminante en cualquier lugar.

India sigue regida por castas, esto es algo así como clases sociales, pero que involucran mucho más que el concepto que separa un grupo por ingresos económicos. Aquí se esgrimen razones culturales, sociales e incluso políticas y nadie puede pasar  de una casta a otra sin más… el que nace en una casta muere en esa casta y por ende, las relaciones que genera en la vida son también regidas por esta condición. Así también se rige el amor. Las mujeres de castas más altas, son las puntas de lanza en abrir espacios. Ellas son consultadas por sus familias si quieren casarse o estudiar. También tienen posibilidades de conocer otros países y culturas, lo que las hace abrir una mirada más universal y probablemente sea ese el punto de partida de la tan discutida modernización del género. Las castas más bajas sin embargo, son extremadamente apegadas a la tradición y profundamente devotas espirituales.

Entonces, cuando una mujer de una casta baja cumple los 18 años, es tiempo de buscarle marido. La familia es la encargada de encontrar un buen hombre, entiéndase el concepto en términos simples: trabajador y serio. Si la niña está preparada, la familia concerta la cita, que involucra a todos los miembros de ambas familias completas. Se prepara una cena especial y la comitiva se traslada al lugar. Los enamorados nunca están solos, se miran y apenas se hablan. Entonces la familia pregunta al novio si le gusto la casamentera y si está dispuesto a casarse. El novio puede aceptar o rechazar a la mujer, solo con mirarla y asumo yo, sopesando las presiones familiares.

Si el novio acepta, se prepara el matrimonio para un par de meses más, durante todo el tiempo de espera, los novios se contactaran por teléfono o mensajes de texto, pero es muy probable que no se vuelvan a ver hasta el día de la ceremonia de compromiso, poco antes de la fecha elegida para la boda.

En las castas más altas, la historia no es muy diferente cuando es apegada a la tradición. Me tocó presenciar por casualidad el primer encuentro de unos novios en un restaurante elegantísimo en una ciudad del sur de India. Toda la familia de ambos prometidos estaba ahí, dispersa en una gran mesa. En medio de la reunión, los novios se alejaron un par de metros por un tiempo no mayor a 30 minutos, ante la atenta mirada de todos los familiares. Hablaron un poco, el más que ella, para ser honestos, pero nunca se tocaron. Al rato ambos volvieron a la mesa familiar donde se sentaron separados y continuaron la cena por un par de minutos más, para después salir todos juntos.

Le comento esto a las mujeres modernas de este país que me ha tocado conocer y me dicen que en sus realidades, los matrimonios ya no son obligados, la mujer siempre es consultada si quiere casarse o no. Incluso la más joven de ellas, me comenta que conoció a su novio en la universidad y que sus padres no mediaron en la elección. Pero siempre debe estar presente el consentimiento familiar. El mismo, que según me explican, es el apoyo más grande que tiene una mujer durante el matrimonio, porque ante el más mínimo problema, la familia entera interfiere, mediando entre los esposos para alcanzar un acuerdo y seguir adelante con la fiesta en paz.

Esta relación comunitaria, es lo que permite a los matrimonios mantenerse, porque a pesar de la influencia occidental, el divorcio es todavía un tema no aceptado. Si bien existe, son pocas las parejas que llegan a separarse y para quienes optan por esta vía, la vida no se les hace nada fácil.

En conclusión, India se moderniza a pasos agigantados, pero en un país tan grande y con costumbres tan arraigadas, cualquier movimiento es un proceso lento y difícil de instalar. Las mujeres aquí, como en otras partes del mundo, siguen sosteniendo familias completas, en una labor puertas adentro, que no siempre es tan reconocida como determinante. Sin embargo, para mí que vengo del mundo moderno y que valoro la igualdad por sobre todas las cosas, no dejo de preguntarme quien elige el amor en estas latitudes.

Cecilia Anríquez

Presidenta Fundación Cámara Mágica

www.camaramagica.org

Artículo redactado para ONG Suractiva desde Varanasi, India.

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